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La Intuición


La intuición se ha definido como la capacidad de adquirir conocimientos sin que interfiera la razón y por lo tanto la conciencia. Jung definió la intuición como "percepción a través del inconsciente": el uso de la percepción sensorial sólo como punto de partida para dar a luz ideas, imágenes, posibilidades, maneras de salir de una situación bloqueada mediante un proceso que es sobre todo inconsciente.
Si hay que fiarse completamente de ella como dice Eduard Punset es otra cuestión. La mayoría de tareas que hacemos a diario son intuitivas, y como dice Gerd Gigerenzer, no son irracionales como habían sido consideradas hasta hace poco. Según Gigerenzer nuestro cerebro se basa en la regla de que, a veces, menos es más y ante una situación le basta una sola buena razón para elegir. Osea que tomamos mejor decisiones si tenemos en cuenta una buena razón que diez. A eso Gigerenzer lo llama regla general o heurística, la cual puede describirse como el arte y la ciencia del descubrimiento y de la invención o de resolver problemas mediante la creatividad.
Pero ¿de donde sale la creatividad?, ¿de la nada?. No por supuesto, sale del aprendizaje, de la experiencia adquirida. Por ejemplo, alguien que ha tenido más experiencias con los niños tiende a tener un mejor instinto o intuición sobre lo que deben hacer en ciertas situaciones con ellos. No es necesario que reflexione sobre lo que hay que hacer o lo que no debe hacerse. La experiencia pasada le ha enseñado lo que hay que hacer y toma la decisión prácticamente sin usar la razón. Pero esta acción intuitiva se basa en una experiencia del pasado que se almacenó en la memoria gracias a la conciencia, gracias a la capacidad de reflexión que la evolución a dotado al ser humano. O sea, una experiencia que en un principio se tuvo que usar la conciencia para resolverla, posteriormente se pudo resolver de forma prácticamente inconsciente, intuitivamente.
Los adultos aprendemos básicamente a través del ensayo-error (técnicamente lo llamamos aprendizaje operante) que quiere decir que aprendemos según el resultado. Sin la consciencia, este aprendizaje es inútil. De acuerdo que el inconsciente es muy importante, ya lo dijo Freud en 1915, pero la conciencia y en concreto la capacidad de reflexión también es muy importante. De hecho, como dice Damasio, prestigioso neurocientífico y premio Príncipe de Asturias, sin la consciencia el sexo solo sería sexo, no habría amor. Hoy en día está de moda el término aprender a gestionar nuestras emociones. Está claro que las emociones son intuitivas, y muchas veces dañinas. ¿Como aprendemos a gestionarlas sin usar el raciocinio?.
Nuestro cerebro no sabe de consciente o inconsciente. Él lo único que hace es crear redes de neuronas para memorizan tareas. Algunos circuitos se dedican a tareas motoras, otros a sensoriales, otras a tareas emocionales, otros a cognitivas... La mayoría de estas tareas son automáticas, que llamamos inconscientes, ya que las hacemos sin prestarles-atención. La capacidad de hacer una tarea y darnos cuenta de que lo estamos haciendo, es lo que llamamos consciente. En cambio, el inconsciente sería todo aquello que no nos damos cuenta de que lo estamos haciendo. Pero el inconsciente necesita del consciente para seguir aprendiendo y memorizando cosas. En la infancia, sobre todo antes de los dos años, aprendemos de forma automática, copiando mediante las neuronas espejo, descubiertas por Rizzolatti. En esta edad, dado que aún no tenemos desarrolladas las capacidades cognitivas, no disponemos de filtro sobre lo que queremos aprender y lo que no, por lo tanto sólo copiamos y copiamos, así aprendemos y memorizamos. Lo memorizamos en lo que llamamos memoria implícita o procedimental que es una memoria inconsciente de destrezas perceptivas y motoras. Por eso, es tan importante la educación recibida en esta edad. En la segunda infancia y en la edad adulta, tenemos el filtro de la conciencia para aprender lo que queremos (científicamente lo que nos motiva) y lógicamente de forma más efectiva en la edad adulta. En la segunda infancia ya empezamos a disponer de un mayor nivel de conciencia y, sobre todo, de circuitos neuronales en el hipocampo donde se almacena la memoria explícita o declarativa, que es la memoria de las personas, lugares y cosas (autobiográfica) y que requiere una recuperación consciente.
Todo lo que aprendemos conscientemente, si lo vamos repitiendo, al final se automatiza y ya podemos hacerlo sin prestarle atención. Por ejemplo, cuando aprendemos a conducir lo hacemos de forma tosca, insegura. Tenemos que pensar en el volante, el cambio de marchas, los pedales de freno, el gas, los intermitentes ... Cuando ya hemos practicado bastante, ya no pensamos en todo esto, y al final vamos al trabajo prácticamente sin pensar por donde pasamos, podríamos decir que lo hacemos de forma intuitiva. Los motivos de automatizar las tareas es ahorrar energía (el cerebro es el órgano del cuerpo que gasta más energía, un 20%, más que el corazón o los músculos) y para ser más rápidos en las respuestas. Cuando más automatizas las tareas, mejor y más rápido se hacen, a la vez que intervienen menos circuitos neuronales, por lo que se gasta menos energía. Es evidente que es importante ser muy rápidos en reaccionar. Nuestros antepasados podían salvar la vida ante un peligro según la rapidez en que reaccionaran, y nosotros, hoy en día también, por ejemplo en la carretera. Por ello es importante el inconsciente, pero también el consciente. Podríamos decir que nuestra intuición se nutre no solo de lo que aprendemos inconscientemente, básicamente con las neuronas espejo, si no también de lo que aprendemos conscientemente, si ello nos motiva. Esta claro que una conducta intuitiva que se base en un aprendizaje inconsciente, nunca podrá ser justificada racionalmente, aunque lo intentemos usando uno de los mecanismos de autodefensa descritos por Freud, como es la racionalización. Tan solo hemos actuado de aquella forma porque nos lo ha dictado nuestro cerebro. Pero si que podemos dar una explicación racional de aquellas intuiciones basadas en el aprendizaje consciente. Por lo tanto hay dos tipos de intuiciones, unas basadas en el aprendizaje inconsciente y otras basadas en el consciente. Un ejemplo de intuición basada en el aprendizaje consciente sería la de la conducción de un vehículo. Un ejemplo de intuición basada en el aprendizaje inconsciente sería la conducta agresiva. Si durante la infancia has vivido de cerca una conducta similar, puedes convertirte en una persona que use intuitivamente la agresividad, desconociendo porque actúas de esta manera, y por supuesto, luego puedes racionalizarlo diciendo que se lo merecía.
Por otra parte la actuación intuitiva no te asegura el éxito. En ocasiones fiarse de la intuición puede ser peligroso. ¿Cuanta gente a muerto en la montaña por fiarse de su intuición?, y ¿Cuanta gente a fracasado en su negocio por lo mismo?. La intuición puede llevarte al éxito, pero también al fracaso. La fiabilidad de una intuición depende en gran medida del conocimiento adquirido en el pasado, o sea de la experiencia, y sobre todo de la experiencia consciente.


Referencias

Damasio, A. Y el cerebro creo al hombre, Destino, 2010, ISBN 9788423343058

Freud S. The ego and mechanisms of defense. International Universities Press, New York.1946

Gigerenzer, Gerd. Decisiones instintivas: la inteligencia del inconsciente, Ariel, 2008
ISBN
9788434453494

Jung, C.G. ([1921] 1971). Psychological Types, Collected Works, Volume 6, Princeton, N.J.: Princeton University Press.ISBN 0-691-01813-8

Kandel, Eric R. En busca de la memoria. Una nueva ciencia de la mente, Katz Barpal Editores, ISBN 978-84-935432-8-0

Rizzolatti, G., Sinigaglia, C. Las neuronas espejo. Los mecanismos de la empatía emocional. Paidós, ISBN 978-84-493-1944-0
The Standard Edition of the Complete Psychological Works of Sigmund Freud. The unconscious, 1915.(Ed. J. Strachey with Anna Freud), 24 vols. London: 1953-1964.





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