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Neuronas espejo y empatía:

Hay unas neuronas especiales en nuestro cerebro, concretamente en el cortex frontal (giro forntal inferior) y en el lobulo parietal inferior, que nos permiten entender  a los demás. Estas neuronas se activan no por movimientos simples sino por actos motores como coger, sostener, sujetar, manipular...y que responden no solo a la forma y el tamaño del objeto con que interactuamos sino también a la simple observación del mismo. A las neuronas que reaccionaban tanto cuando el mono realizaba una determinada acción como cuando observaba a otro realizarla se las llamó neuronas Espejo (Rizzolatti 1996).
Las neuronas espejo fueron descubiertas en la década de los 90 en Parma por el equipo de Giacomo Rizzolatti, que se dedicaba al estudio de la corteza frontal premotora, un área que se encarga de la planificación, selección y ejecución de los movimientos. Pero el sistema motor no tiene que ver con los movimientos sino con las acciones y esta formado por un mosaico de zonas frontales y parietales estrechamente relacionadas con zonas visuales, auditivas y táctiles...Y por tanto, diferenciar de forma estricta entre procesos perceptivos, cognitivos y motores es sumamente artificial.
El lóbulo frontal desempeña funciones de orden superior como la memoria de trabajo y la planificación temporal de las acciones. También se le relaciona con la coherencia de las intenciones (conducta consecuente). Por lo tanto las zonas prefrontales representan el sustrato neural que es la base de la formación de las intenciones que preceden y orientan el hecho de actuar.
La corteza parietal posterior es parte del sistema motor cortical. Las zonas frontales posteriores reciben información sensorial del lóbulo parietal que utilizan para la organización y control del movimiento. Las zonas frontales motoras anteriores reciben información cognitivas de orden superior, de planificación temporal y motivacionales, desde la corteza prefrontal y del cíngulo (que esta relacionada con la información motivacional y afectiva), ejerciendo una función de control y determinando cuando un movimiento seleccionado por las zonas posteriores debe ser traducido en un acto efectivo.
El sistema motor posee una multiplicidad de estructuras y funciones que no se le puede reducir al mero papel de ejecutor pasivo de ordenes originadas en otra parte. La corteza parietal, además de recibir aferencias de las regiones sensitivas, posee unas propiedades motoras análogas a las de la corteza frontal agranular. La zona intraparietal anterior tiene tres clases de neuronas espejo, de predominio motor, visual-motoras y de predominio visual. Las transformaciones visual-motoras ligadas al acto de agarrar un objeto dependen del circuito intraparietal anterior – corteza motora prefrontal.
La construcción de nuestro mundo no depende solo de la capacidad de agarrar un objeto sino también de la capacidad de movernos y orientarnos en el espacio que nos rodea, así como de la capacidad de aprender de las acciones y las intenciones de los otros.
Hay tres tipos de neuronas espejo, las somatosensoriales que se activan con estímulos táctiles, las bimodales que se activan con estímulos táctiles y visuales que están dentro del campo receptivo táctil y las trimodales que también se activan por estímulos auditivos. Así se explica que podemos sentir que nos tocan solo al ver que se acerca la mano. La proximidad ya es un contacto (espacio-visual) por anticipación de la zona del cuerpo que se va a tocar (A. Berthoz). Es esta anticipación que permite al cuerpo definir el espacio que le rodea, localizando sus propios órganos como los brazos, la boca...asi como los objetos, mas o menos móviles, visualmente próximos a él. El cortex motor prefrontal no solo posee representación de los movimientos de la boca, sino también de la mano (lo que explica porque los niños se ponen la mano en la boca).
Las neuronas espejo del hombre codifican actos transitivos e intransitivos; puede seleccionar tanto el tipo de acto como la secuencia de los movimientos que lo componen, y además, no requieren ninguna interacción efectiva con los objetos, activandose cuando la acción es imitada, lo que nos permite aprender mas y mejor.  Ocurre a menudo que imputamos a los demas creencias, deseos, expectativas e intenciones propias dado que gran parte de nuestro comportamiento social depende de la capacidad de comprender lo que los demás tienen en mente.
Hay un mecanismo de control, facilitador e inhibidor, sobre las neuronas espejo que se halla en la zona frontales mesiales anteriores. En la ecopraxia hay tendencia a la imitación compulsiva por lesión de estas zonas frontales. Estas zonas corticales mesiales se activan unos 800 mseg antes del inicio de la accion, lo que parece sugerir que su activación refleja la decisión del individuo a actuar.
Probablemente los niños recién nacidos ya dispone de un sistema rudimentario (poco mielinizado y con escaso control frontal) de neuronas espejo que le permite imitar ciertos gestos de los padres con la boca como es la proyección de la lengua.
Charles Darwin ya había llamado la atención sobre el comportamiento típico de las neuronas espejo al observar que si un cantante se queda ronco parte del publico tose un poco como para aclararse la garganta. Otros ejemplos son como se imita en el boxeo, en el fútbol, en el tenis...Ello es probablemente debido a la atenuación de los mecanismos de control en estados emotivos.
Las neuronas espejo nos permiten comprender de inmediato, de forma implícita, los actos e intenciones de los demás.
El sistema de neuronas espejo ha constituido un componente clave en la aparicion y evolución de la capacidad humana de comunicación, gestual primero y con palabras después. Ello explica por que el área de broca esta en la misma zona de las neuronas espejo y porque cuando hablamos gesticulamos. Michael Corbalis parafraseo que los orígenes del lenguaje no afectarían tan solo a la boca, sino también a la mano, siendo de su mutua interacción que tomaría cuerpo la voz. Las sinergias oro-laringeas necesarias para la silabación están asociadas a los gestos manuales. En los afásicos la señalización de un objeto puede ayudarles a nombrarlos, incluso a recuperar el uso de la palabra en individuos con ciertas lesiones cerebrales.
Nuestros antepasados emparentados con el mono, hace unos 20 millones de años, poseían un sistema de neuronas espejo que le permitían reconocer y ejecutar actos motores. Nuestro antepasados relacionados con el chimpancé, hace unos 6 millones de años, su sistema de neuronas espejo les permitían ciertas formas de imitación. De la transición del australopithecus al homo habilís, hace unos 2 millones de años, el sistema de neuronas espejo se hizo más complejo incorporando la mímica, y conoció su máxima expresión con el homo erectus entre 1,5 millones y 300000 años, perfeccionandose con el homo sapiens hace unos 250000 años al  incorporar las vocalizaciones. Parece que con el hombre moderno, homo sapiens sapiens, a raíz de la longitud del paladar suave y a la bajada de la lengua y la laringe, el sistema vocal adquirió plena autonomía y el sistema gestual paso a rango de accesorio. Al pasar a dominar el sistema de voz ciertas neuronas motoras adquirieron la habilidad de estimularse por los sonidos, son las neuronas espejo eco.
El comportamiento de las personas no solo encarna cierta tipología de actos, sino que despierta en nosotros ciertos sentimientos que tanto si son conscientes o no, producen reacciones fisiológicas internas que informan a nuestro cerebro como poner en marcha las respuestas mas oportunas y/o adecuadas para nuestro bienestar y supervivencia.
A los dos o tres días de nacer un niño ya distingue un cara contenta de una triste. Y hacia el segundo o tercer mes ya ha desarrollado una consonancia afectiva con la madre de tal forma que puede reproducir de forma sincronizada expresiones faciales o vocalizaciones que reflejan el estado emotivo.
La ínsula representa la zona cortical primaria no solo para la exterocepcion química (gusto y tacto) sino también para la interocepcion que llega de la amígdala y tálamo. En la región anterior de la ínsula se produce la integración visceromotora (palpitaciones, dilatación pupilar, conatos de vomito, nauseas, sensaciones desagradables en garganta y boca, etc). El asco ajeno como el propio activa la ínsula anterior. Los olores activan la ínsula y la amígdala, la cual se activa tanto por olores agradables como desagradables. Mientras que la ínsula anterior izquierda y derecha se activa por los olores desagradables, la ínsula posterior derecha solo se estimula por los agradables. Mientras la ínsula se activa por la visión de asco en la cara ajena, la amigadala no. La corteza del cíngulo derecho también se activa por olores desagradables y por la visión de individuos con cara de asco. Por lo tanto el asco propio como el ajeno tienen una misma base neural en la región anterior de la ínsula izquierda así como en el cíngulo derecho. Tanto la percepción de estímulos dolorosos como la visión de estímulos dolorosos en una persona querida activa la corteza insular y la del cíngulo. Ello confirma que la compresión de los estados emocionales depende de un mecanismo espejo y demuestra cuan arraigado y profundo es lo que nos une a los demás y que no hay un yo sin un nosotros.
La compresión de las emociones de los demás posibilitada por las neuronas espejo constituye el prerequisito para el comportamiento empático, pero compartir a nivel visceromotor el estado emotivo de otro es distinto que experimentar una implicación empatica. La empatía depende de otros factores distintos al reconocimiento del dolor. Depende de quien es el otro, de nuestra relación con él, de la capacidad que tenemos de ponernos en su lugar, si tenemos intención o no de hacernos carga de su situación emotiva, de los deseos, de las espectativas, etc. Si la otra persona es un enemigo o representa un peligro potencial, o si somos unos sádicos o nos alegramos del sufrimiento ajeno, percibiremos el dolor que sufre pero no tendremos participación empática.

Referencias:

Rizzolatti G, Sinigaglia C. Las Neuronas Espejo. Paidos. ISBN-13: 978-84-493-1944-0
Iacoboni M. Las Neuronas Espejo. Katz. ISBN: 978-84-96859-54-8
Rizzolatti, G., L.Fadiga, V.Gallese y L Fogassi. Premotor cortex and the recognition o motor actions. Cognitive Braoin Research, nº 3, 1996a, pags. 131-141.
Berthoz, A. Il senso del movimento. McGraw-Hill. 1998.
Corbalis, MC. On the evolution of Language. Princeton University Press. 2002.

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